Consumo oshikatsu en la Generación Z: datos por sexo y edad y diseño de estrategias corporativas
Al momento de idear una «iniciativa de oshikatsu dirigida a la Generación Z», la etiqueta generacional no basta por sí sola para determinar quién desea participar ni qué busca disfrutar. Incluso dentro del mismo grupo de edad, existen marcadas diferencias en cuanto a si se tiene o no un oshi (la figura o personaje favorito al que se apoya activamente), el género o disciplina de interés, el presupuesto disponible y los lugares a los que se puede acudir.

En la práctica, el oshikatsu abarca mucho más que la simple compra de productos oficiales o entradas: incluye ver transmisiones en directo, escuchar música, investigar novedades, trasladarse a tiendas o recintos físicos y guardar recuerdos a un ritmo personal. Incluso en un mismo seguidor o aficionado, la forma de invertir tiempo y dinero se transforma según el destinatario del apoyo y el momento vital en que se encuentre.
En este artículo, analizamos cómo interpretar los datos del oshikatsu juvenil prestando atención a los enunciados de las preguntas y a las condiciones muestrales de los estudios primarios publicados. A partir de esa base, explicamos un marco de trabajo para que los responsables corporativos no dependan de una etiqueta tan difusa como «Generación Z», sino que formulen hipótesis adaptadas a entornos de participación concretos, tales como las tiendas físicas, las plataformas en línea o la venta de mercancía.
Antes de usar la etiqueta «Generación Z», revise los tramos de edad y las preguntas del estudio
El concepto de Generación Z, definido por el año de nacimiento, es distinto de los rangos de edad fijados en el momento puntual en que se administra una encuesta. Por ejemplo, si se utilizan los resultados de un grupo de «15 a 19 años», es necesario explicitar el año de recolección y dicho intervalo etario exacto. Aunque se trate del mismo rango numérico de edad, si el año de la encuesta cambia, las personas comprendidas habrán nacido en años diferentes.
Asimismo, cada investigación plantea interrogantes distintos. Una pregunta que indaga si «tiene (o existe) algún oshi» no arroja el mismo significado estadístico que una que consulta si «participa activamente en actividades de oshikatsu». Cuando una empresa recurre a datos externos para fundamentar un proyecto, en lugar de guiarse por nombres populares de generaciones, debe verificar primero cuándo, a qué edades, con qué composición demográfica y mediante qué texto de pregunta específico se obtuvieron esos resultados.
La proporción de quienes tienen un oshi y las brechas por sexo y edad según el estudio de Intage
Un documento de referencia fundamental para comprobar de forma concreta las diferencias por sexo y edad es el estudio sobre oshikatsu publicado por Intage el 10 de septiembre de 2026 (en japonés). Esta encuesta en línea se aplicó entre el 14 y el 19 de enero de 2026 a una muestra de 5.000 hombres y mujeres de 15 a 79 años de todo Japón, extraída de su panel Mighty Monitor, con recogida de respuestas ajustada a la composición por sexo, grupo de edad y región del censo nacional.
Este gráfico organiza mediante barras horizontales azules y grises el porcentaje de encuestados que respondieron tener un oshi, tanto para el total general como desglosado por sexo y edad, mostrando a la derecha el valor de la edición de 2025 y la variación interanual. Junto al gráfico se indican el tamaño de la muestra de cada fila y el enunciado exacto de la pregunta: mientras que en el total de 15 a 79 años la presencia de un oshi se sitúa en un 33,6 %, en el segmento de mujeres de 15 a 19 años (destacado con un recuadro rojo) alcanza el 75,9 %. En cambio, dentro de ese mismo tramo etario, los varones de 15 a 19 años registran un 61,7 %, lo que evidencia visualmente una brecha superior a los 14 puntos porcentuales entre personas de la misma edad según el sexo.
Ese 75,9 % de las mujeres de 15 a 19 años representa exclusivamente las respuestas de esa categoría demográfica puntual. No puede extrapolarse como si fuera la cifra global de la Generación Z ni interpretarse como la proporción de personas que efectivamente compran productos o asisten a eventos. Incluso en el segmento con el índice más elevado, aproximadamente 1 de cada 4 encuestadas no declaró tener un oshi.
Además, el mismo estudio constata que las preferencias por género o disciplina varían según el sexo y la edad. Por ejemplo, entre los varones de 15 a 19 años, el «anime» concentra un 22,1 %, mientras que los creadores de contenido o avatares virtuales («YouTubers / VTubers») alcanzan un 16,8 % (frente al 16,9 % del año anterior). Esta inclinación corresponde a la tendencia de respuesta de los jóvenes masculinos de ese rango, no al conjunto de la juventud en su totalidad. Por añadidura, que un género ocupe los primeros puestos en ese grupo no significa que todos los adolescentes varones con los que interactúe una marca sean aficionados al anime o a los VTubers. Estas tendencias generales constituyen un valioso punto de partida para la planificación, pero es indispensable recordar que no sirven para dar por sentados los gustos individuales.
Evitar convertir el gasto promedio general en el presupuesto individual de cada joven
La tercera encuesta de CDG y Oshicoco (en japonés), realizada entre el 15 y el 22 de enero de 2026 sobre una muestra de 23.125 hombres y mujeres de 15 a 69 años residentes en Japón, se tabuló respetando las proyecciones de población por sexo y edad. Entre quienes declararon realizar actividades de oshikatsu, el gasto anual correspondiente al período de enero a diciembre de 2025 registró un promedio de 209.716 yenes y una mediana de 40.000 yenes.
Esta cifra no refleja únicamente a los sectores jóvenes. Del mismo modo, dividir el promedio anual entre doce meses no equivale a suponer que cada persona dispone de esa cantidad exacta para gastar mensualmente. Tampoco puede deducirse a partir de la mediana que la gran mayoría de los aficionados se concentre de manera uniforme alrededor de los 40.000 yenes.
Al fijar los precios de una propuesta comercial, no conviene asumir el gasto anual como un presupuesto estándar ni como una tarifa adecuada para todos, sino evaluar qué abanico de elecciones ofrecerá la propia iniciativa. Es necesario tratar estos datos como un insumo para concebir modalidades de participación accesibles para el público objetivo, ofreciendo no solo productos de alto valor, sino también compras individuales de artículos sencillos o incluso formas de involucrarse simplemente observando.
Suposiciones apresuradas frecuentes
- Tratar el alto porcentaje de mujeres de 15 a 19 años como la proporción de toda la Generación Z
- Asumir el porcentaje de quienes «tienen un oshi» como el tamaño directo de la clientela compradora
- Tomar el gasto medio anual de unos 210.000 yenes como presupuesto estándar para fijar precios
- Deducir los gustos individuales de cada persona a partir de los géneros más populares de su grupo etario
Perspectiva que debe adoptar el planificador
- Leer los datos precisando el tramo de edad, sexo, tamaño muestral y pregunta formulada al investigar
- Diferenciar entre tener un favorito y las formas concretas de participación o hábitos de compra
- Considerar la brecha frente a la mediana de 40.000 yenes y crear niveles de acceso de bajo desembolso
- Tomar las tendencias demográficas solo como hipótesis y ajustar las condiciones según el entorno de uso
Desglosar el concepto de «Generación Z» y especificar el entorno de participación
Cuando una empresa diseña una propuesta, además del rango de edad, debe definir con precisión en qué entorno participará el público.
Incluso dentro de la misma franja etaria, quienes desean examinar productos en un establecimiento físico necesitan indicaciones muy distintas a las de quienes prefieren disfrutar de transmisiones desde la comodidad de su hogar. Para ello, resulta conveniente dividir la experiencia en tres entornos principales —tiendas físicas, plataformas en línea y venta de mercancía— y revisar los aspectos críticos de cada uno.
1. Cuando el foco está en la experiencia física en tiendas o recintos
Esta categoría abarca acciones orientadas a motivar la asistencia a lugares físicos, tales como cafeterías temáticas colaborativas, tiendas efímeras (pop-up stores) o exposiciones. En este caso, debe comprobarse si la persona tiene la libertad de escoger su forma de participación, ya sea que acuda en solitario o en compañía.
Conviene prever, por ejemplo, situaciones en las que alguien asista sin acompañantes o desee fotografiar exclusivamente los productos sin mostrar su propio rostro. Quienes coordinan la campaña deben analizar si los accesos y la señalización resultan cómodos para personas individuales, si es posible conocer el nivel de aglomeración o las condiciones para obtener boletos numerados antes de comprar, y si los espacios fotográficos están dispuestos de modo que puedan utilizarse sin sentirse expuesto a las miradas ajenas. Evitar esquemas que exijan beneficios exclusivos para parejas o dinámicas que obliguen a alzar la voz en el local amplía, en última instancia, el abanico de participantes.
2. Cuando el foco está en la visualización o búsqueda de información en línea
Se trata del entorno accesible desde cualquier lugar geográfico, materializado en sitios web especiales, cuentas oficiales en redes sociales o transmisiones en directo. Aquí es fundamental diferenciar claramente entre las publicaciones breves que despiertan el interés inicial y la página oficial donde se verifican las condiciones exhaustivas.
Aunque un aficionado descubra una iniciativa a través de un vídeo corto o una imagen atractiva, al momento de evaluar su participación o compra buscará datos sumamente precisos: período de vigencia, precios, disponibilidad de existencias o producción bajo pedido, costos de envío y términos del servicio. Si la información se divulga únicamente de forma fragmentada en los muros de redes sociales, al intentar revisarla posteriormente resultará difícil ubicar las condiciones, lo que puede motivar el abandono de la actividad. Es indispensable diseñar una estructura que permita llegar sin extravíos desde cualquier canal a una página web oficial donde todos los requisitos se encuentren unificados en un solo lugar.
3. Cuando el foco está en la venta de mercancía y artículos oficiales
Este entorno se centra en la comercialización de productos a través de plataformas de comercio electrónico o en puntos de venta físicos. Las estadísticas de gasto anual no indican cuánto dinero puede comprometer un seguidor en una única compra. Por ende, la oferta debe planificarse evaluando de qué modo puede acceder cada perfil de comprador.
Si solo se ofrecen paquetes costosos o artículos aleatorios planteados para fomentar que se complete toda la colección, se dificultará el acceso tanto de estudiantes con presupuestos limitados como de seguidores que solo desean respaldar a un personaje o integrante en particular. Una estrategia realista consiste en articular un catálogo con diferentes niveles de desembolso: productos asequibles de uso diario, piezas individuales que permitan elegir al favorito y ediciones conmemorativas especiales de mayor gama para quienes cuentan con mayor holgura financiera.
Centralizar la información para facilitar decisiones antes de participar
Para que los aficionados puedan elegir con tranquilidad entre asistir al lugar, comprar artículos individuales o seguir la actividad en línea, las condiciones de la propuesta deben presentarse de manera clara y ordenada. Resulta sumamente eficaz reunir en una misma ubicación el lugar de realización, el cronograma de fechas, los precios y gastos de envío, los planes de producción bajo pedido o reediciones, así como las normas relativas a fotografías y publicaciones en redes.
Por ejemplo, quien no dispone de tiempo para desplazarse a una tienda física deseará confirmar si existe venta en línea, mientras que quien necesita conocer el coste final antes de pagar revisará los gastos de envío y las comisiones. Es primordial ubicar en la misma página tanto el atractivo de los beneficios promocionales como todos los datos indispensables para tomar la decisión de involucrarse.
- 011. Definir el público y el entornoEvitar las etiquetas generacionales y formular hipótesis sobre el canal físico, en línea o comercial
- 022. Diseñar niveles de acceso y preciosOfrecer alternativas según presupuesto y distancia, desde solo observar hasta compras o asistencia
- 033. Especificar condiciones en la web oficialCentralizar plazos, precios, topes de compra, política de existencias y normas sobre creaciones de fans y fotografías
- 044. Medir resultados por tipo de conductaAnalizar las consultas y la interacción en cada nivel de participación más allá de las ventas brutas
Fuente: Resumen del artículo por The Oshi Lab
Recurrir a tácticas de venta agresivas que apelan a la urgencia con frases como «exclusivo» o «solo por tiempo limitado», privando al consumidor del tiempo necesario para decidir, puede generar pagos a corto plazo, pero corre el riesgo de dejar una sensación posterior de agobio o desconfianza. Aunque este trasfondo se profundiza en nuestro artículo sobre el agotamiento en el oshikatsu, presentar desde el comienzo y de forma transparente los períodos de comercialización, el costo total estimado, la disponibilidad de reposición o fabricación por encargo y las pautas para capturar fotos o publicar en redes sociales constituye la base misma de la confianza dentro del marketing de fans.
Evaluación de las medidas aplicadas y aprendizaje para futuras iniciativas
Una vez implementada la campaña, es necesario examinar los resultados a la luz de la hipótesis inicial: «en qué entorno, quiénes y de qué forma debían participar».
Si en un evento presencial se habilitaron accesos y espacios adaptados para asistentes individuales, se debe analizar la afluencia por franjas horarias y la retroalimentación de quienes acudieron sin compañía. Si en la venta de mercancía se crearon diversas franjas de precio, no solo se revisará el volumen global de facturación, sino también si los productos de precio básico facilitaron la incorporación de nuevos seguidores o jóvenes, y cuál fue la relación de demanda entre la elección de artículos individuales y los lotes completos.
Saber si los nuevos participantes o el público joven utilizaron realmente la propuesta es algo que las ventas por sí solas no pueden revelar. Por ello, conviene complementar el análisis revisando la cantidad de participaciones en cada nivel y los temas más recurrentes en el buzón de consultas, registrando de forma desglosada todo lo que sea medible para optimizar las condiciones y pautas informativas de las próximas iniciativas.
Para profundizar en las definiciones y en la dimensión global de este mercado, incluyendo a las cohortes juveniles, consulte nuestra guía detallada sobre el tamaño del mercado del oshikatsu (edición 2026). Asimismo, los pasos prácticos para estructurar campañas comerciales se explican en nuestro artículo sobre marketing de oshikatsu.
Preguntas frecuentes
¿La categoría «15 a 19 años» de las encuestas equivale a toda la Generación Z?
No, no son lo mismo. La definición de Generación Z delimitada por año de nacimiento no coincide exactamente con los tramos de edad puntuales como «15 a 19 años» fijados al momento de cada encuesta. Por ello, es indispensable verificar el rango de edad estudiado, el sexo y el enunciado exacto de las preguntas en cada estudio.
¿Es adecuado aplicar una misma iniciativa o campaña de oshikatsu de forma uniforme a todos los jóvenes?
La edad por sí sola no determina si alguien tiene un oshi (favorito), qué género prefiere ni cuál es su presupuesto disponible. En la encuesta de Intage de enero de 2026, quienes afirmaron tener un oshi representaban el 75,9 % entre las mujeres de 15 a 19 años y el 61,7 % entre los varones de esa misma edad. Este dato refleja únicamente si cuentan o no con alguien a quien apoyar, no significa que todos compren los mismos productos.
¿Se puede usar el gasto anual promedio en oshikatsu directamente como presupuesto para diseñar una campaña?
En el estudio de CDG y Oshicoco, el gasto anual de 2025 entre quienes realizan oshikatsu arrojó un promedio de 209.716 yenes y una mediana de 40.000 yenes. Sin embargo, no es un resultado exclusivo de la juventud y corresponde al total acumulado de todo un año, por lo que no puede tomarse como el presupuesto que una persona destinará a una sola iniciativa. Es necesario evaluar por separado el contexto de uso y el perfil del público objetivo.
¿Deberían priorizarse siempre los incentivos exclusivos o los elementos llamativos para redes sociales en las campañas juveniles?
Es arriesgado dar por sentado que todos los jóvenes buscan lucirse en redes sociales o adquirir artículos de edición limitada. Lo primordial es definir con anterioridad qué entorno de participación se abordará —la experiencia física en tienda, el consumo o búsqueda de información en línea o la compra de productos— y diseñar alternativas que incluyan a quienes asisten solos o solo desean mirar.
¿Con qué indicadores conviene evaluar los resultados de una iniciativa corporativa de oshikatsu?
No basta con observar las cifras de ventas a corto plazo; es fundamental evaluar múltiples perspectivas alineadas con las hipótesis de la campaña, tales como la respuesta según el nivel de participación ofrecido, la claridad de las condiciones en la página oficial, las consultas recibidas y la recurrencia o reincorporación en futuras actividades.



